La mentira y el engaño tienen fecha de caducidad

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* Al final todo se descubre y al mismo tiempo la confianza muere para siempre

Por: Jorge GÓMEZ CARRANCO

CHOLULA.- El mandatario federal Andrés Manuel López Obrador aplicó “La tercera es la vencida”, en su largo camino que recorrió para llegar a la presidencia de México, de sus derrotas él supo sacar victorias, de ahí vendría su ascenso, su popularidad y su proyección en su imagen a nivel nacional, dónde se le conoció como el opositor más férreo al sistema.

Obrador comenzó la travesía por todo el país, recorrió no una, sino, varias veces la república mexicana para darse a conocer cómo un político de izquierda, dónde indiscutiblemente se comenzó a visionar cómo el salvador de México, porqué decía que México necesitaba de un salvador que lo rescatare. Nuevamente en el 2012 Andrés Manuel volvió a perder y su estrategia fue la de victimizarse y le funcionó, se comenzó a vender a la población cómo un hombre luchador social, austero y modesto.

¿Pero quién era López Obrador? Un líder político local, famoso por encabezar bloqueos a pozos de petróleos mexicanos (PEMEX). Luego de un largo y polémico camino que le ha llevado a recorrer varias veces al país y que culmina por primera vez en la historia con un candidato abiertamente de izquierda en el poder por el 53% del voto mexicano; hoy en día se encuentra acorralado en su palacio y por voluntad propia, él hombre que durante más de 3 lustros tuvo las soluciones para todo, hoy no tiene resultados para nada.

La ciudadanía mexicana lo eligió para transformar al país, pues México ya estaba carcomido por la corrupción, sangrado por tanta violencia y empobrecimiento por tantos abusos y tanta desigualdad, pero López Obrador tenía un sólo objetivo, construir una proeza heroica que lo describa y lo recuerden cómo el hombre que enfrentó a sus enemigos, en vez de ser el hombre que resolvió problemas y que reconcilió a la sociedad.

Si el pueblo estuviera cansado de la corrupción no hubiera consentido las hazañas de su hermano Pio, ya hubiesen pedido la destitución de Manuel Bartlett al frente de la CFE, no estarían conformes con la caída del 18% de la economía, exigirían resultados, repudiarían el encuentro del presidente con la mamá del Chapo Guzmán, etcétera y pocos nos importaría la ideología del presidente que anduviera alardeando con su cuarta transformación. Seamos honestos Obrador ganó por el hartazgo de los mismos partidos políticos de siempre, el repudio social que tienen hacia esos partidos, el odio hacia los gobernantes, la ignorancia de creer en un salvador, el coraje de los antecesores, escucharon un discurso que todos anhelaban escuchar sin saber que era un canto de sirena para atraparlos y conseguir que votaran por él.

El tiempo no perdona, la mentira, el engaño siempre tienen fecha de caducidad, al final todo se descubre y al mismo tiempo la confianza muere para siempre, donde no hay cavidad nuevamente de certeza y no le queda más que esconderse de la vergüenza de haber provocado una de las peores crisis en la historia de este país, haber arruinado la esperanza, incluso por encima de los gobiernos anteriores que tanto criticaban en su momento de un hombre que jugó hacer Dios y qué terminó ahorcado por su hígado y por su lengua junto a los suyos en el basurero de la historia, donde su gobierno será recordado cómo una transformación construida de palabras y vacía de hechos.

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