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Privacidad, confianza y algo más

Por: Dr. Omar Josué Rojas Vázquez

CHOLULA.- En días recientes, el gobierno de la CDMX detuvo a Juan “N” de 32 años, quien ocultó a su pareja sentimental su estatus serológico, la denuncia fue interpuesta alegando riesgo de contagio, lo cual, por un lado deja obviado hasta el absurdo la falta de información respecto a temas de salud sexual y por otro, sienta un precedente no visto desde el inicio de la pandemia de VIH hace 35 años.

La ley en nuestro país, en su artículo 199 Bis del Código Penal Federal contempla el riesgo de contagio con intenciones dolosas y lo sanciona desde 3 días hasta 3 años de prisión, sin embargo, la perspectiva que está dando la fiscalía sienta un precedente no visto en este país, donde fiscaliza algo tan privado como la salud sexual de cada individuo.

Dicho precedente pone en riesgo incluso al gremio médico, pues fiscalizar de esta terrible forma el estado serológico de cada persona incitaría a la violación del secreto profesional por parte de las autoridades en caso de requerirlo, violando así la ética de todos los profesionales, pues el diagnóstico y detección de cualquier enfermedad, no solo el VIH, debe ser confidencial, aún a expensas de la propia familia.

Cualquier profesional de la salud, debe, por ética y por juramento, reservar todo comentario personal sobre el diagnóstico de sus pacientes, a la vez que debe mantener en máxima confidencialidad dichos diagnósticos, no saliendo jamás de las 4 paredes del hospital o consultorio donde se labore.

El compartir el estado serológico es un acto de confianza que en el mejor de los casos reside en el interesado en dar a conocer dicha información, no debe ser objeto de prejuicio, mucho menos de violencia o criminalización, mucho se ha avanzado en estos años, pues los empleadores ya no solicitan exámenes serológicos al momento del ingreso a un trabajo nuevo, y en cuanto al código penal, es muy claro respecto a la intención del contagio, pues este debe ser hecho con dolo, la cuestión es que nuestros jueces no están correctamente instruidos en cuestiones de ética médica para discernir sobre si existe o no la mala intención en cada acto.

Al final de todo, es responsabilidad de cada quien el mantener o no visible su estado serológico, así como practicar una sexualidad libre y responsable, pues actos como los cometidos por la fiscalía de la Ciudad de México, supuesto bastión de libertades y progresismo, abren la puerta a actos que promoverían mayor segregación en comunidades que ya de por si son segregadas, marginadas y violentadas.

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